martes, 22 de enero de 2019

Más del 50% de las personas son infelices en su vida laboral



Cuando un individuo no logra alcanzar un objetivo deseado, se origina en él un estado emocional conocido como frustración. Esto puede ocurrir en cualquier nivel profesional y ámbito de las condiciones humanas. El estado de frustración es motivado por el fallo del ego, el cual estimula a las personas a sobresalir en situaciones que se consideran valiosas o importantes, pero en las que no se ha alcanzado el éxito.

La frustración como estado emocional trae consigo más factores negativos, como el enfado de la actividad realizada, el entristecimiento por no lograr los objetivos y hasta puede provocar temor a seguir fracasando.

En el trabajo, la frustración es más común de lo que podría parecer. Tan así que se estima que actualmente, hasta el 50% de las personas son infelices en su vida laboral. La infelicidad, acompañada de insatisfacción y de frustración, ocurre cuando las personas no logran cumplir sus tareas de la manera deseada, por lo que los objetivos generales de la organización no podrán ser alcanzados. En consecuencia, el trabajador podría sentir que su posición deja de ser valiosa, al no contribuir con el logro de los objetivos organizacionales.

Algunas veces, estos objetivos son para beneficio del mismo trabajador, como pueden ser: ascensos de puesto, incremento del sueldo, mejora de reputación con compañeros y superiores, entre otras. Estos aspectos representan para muchos de los empleados un “sueño” que aspiran alcanzar.

Los prejuicios dentro del ámbito laboral son una de las causas más comunes por las que se genera la frustración en los empleados. El prejuicio orilla a los individuos a tomar decisiones sin la información completa y necesaria. Es decir, se evalúan las situaciones a medias y se estima con base en “corazonadas”, por lo que muchas veces se toma la decisión equivocada.

Los prejuicios pueden derivar en conflictos y los conflictos y la frustración siempre van de la mano. Existe conflicto, interno o externo, cuando el individuo se encuentra frente a un obstáculo que no puede superar.

Pero en lo laboral, la frustración no está solamente relacionada con el trabajador, pues involucra varios aspectos que, combinados, frustran al empleado y pueden llevarlo a abandonar su puesto de trabajo.

Una mala relación con sus compañeros de trabajo o superiores puede hacer del día laboral una tarea muy pesada, las remuneraciones económicas o materiales injustas no son motivante para el empleado y este puede sentirse menospreciado y frustrado.

Los empleados pueden tener muy buenas observaciones por realizar, pero si no se les toma en cuenta para las decisiones, aun las que podrían ser las más pequeñas, podríamos generar un clima de trabajo frustrante.

Frente a un ambiente laboral que no nos permite desarrollarnos y crecer personal y profesionalmente, tenemos opciones que pueden ayudarnos a dejar de lado la frustración y salir adelante.  Para lograrlo, deben realizarse cambios en la dinámica diaria, que además de eliminar la frustración, nos permitan conseguir diversos objetivos. Queremos decir que, en la mayoría de los casos, el emprendimiento es la respuesta a la infelicidad laboral.

Al emprender, el empleado será quien desarrolle y cree las condiciones laborales en las que se desempeñará. Estarán en sus manos y en sus actos las consecuencias de sus ingresos y crecimiento profesional. 

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